viernes, 15 de mayo de 2015

LA TAREA DE ENSEÑAR VS. EL CANSANCIO DE DAR CLASES

Docentes y sentido de vida


Una de las profesiones más maravillosas de realizar, es la profesión del docente. Es la que da la oportunidad de afectar a las personas de manera tan profunda que podemos, desde las aulas, fácilmente cambiar, no solo la manera de pensar de los alumnos, sino, en última instancia, a través de ellos, la sociedad.

La tarea del docente es la tarea que la sociedad utiliza o para perpetuar los esquemas, o para cambiarlos; para mantener ideas, ideologías o posturas sociales que generan opresión y pobreza, o para cambiarlas. La tarea del docente es la que, por su propia naturaleza, está hecha para hacer la diferencia en el mundo.

Sin embargo, dentro de todo lo bueno, lo posible y lo hermoso del trabajo que implica enseñar a otros, está también la realidad de la tarea de dar clases, de enfrentarse día a día a un grupo de alumnos, (en algunos casos hasta de 60 alumnos), que proviene de diferentes hogares, diferentes formas de pensar y que hacen parte (y muchas veces defienden) de un sistema de  creencias que por sí mismo los limita y les lleva a no considerar e incluso despreciar el esfuerzo y la intención de quien trata de transmitir y generar una forma diferente de hacer las cosas.

Sumémosle a eso, un pago por debajo de lo que un profesional promedio gana, unas jornadas muchas veces extenuantes y políticas de contratación más basadas en los contactos que en los propios méritos y habilidades demostradas, tenemos allí un escenario propicio para la aparición de uno de los mayores males laborales de nuestros días: el síndrome de quemarse en el trabajo o burnout.

El burnout tiene tres características principales: Agotamiento emocional profundo, despersonalización y pérdida de la sensación de logro vital.

La primera característica tiene que ver con la sobre-exposición a cargas emocionales intensas, tales como la relación con los alumnos cuando ésta no resulta productiva o es claramente conflictiva; la violación por parte de los estudiantes -o compañeros, o directivos- de los esquemas de valor del docente o de su contrato psicológico; el enfrentamiento permanente con las diferentes situaciones vitales de los estudiantes y las que se generan debido al propio trabajo a nivel familiar y personal. Todo ello contribuye a la sensación de "no doy más", "este trabajo está acabando conmigo", eventualmente esto se convierte en el tema central del espacio de trabajo del docente.

La segunda es entendida como el aislamiento de las relaciones personales, para evitar afrontar la conexión emocional que ello implica. En muchas oportunidades las relaciones tienden a empeorar la situación de cansancio emocional debido a, que la persona siente que su propia situación es extraordinaria (esto sólo me pasa a mi), es impropia (no DEBERÍA sentirme así), es ridícula (todo el mundo se burla de lo que me pasa), o es muestra de debilidad (yo debería ser capaz de manejar TODAS las situaciones). Ello lleva a que busque aislarse, en lugar de buscar ayuda o apoyo para la situación que vive. Esta desconexión de las redes de apoyo solo empeora con el tiempo la propia situación.

La tercera es con mucho la más grave y, como veremos ahora, la mayor parte de la posible solución. Por lo regular, quien egresa de la facultad y escuelas de educación, sale con una enorme claridad acerca del papel que juega en la sociedad y con una extraordinaria intención de cambiar el mundo. Ella o él serán quienes impacten la vida de sus alumnos, ella o él van a ser aquellos maestros extraordinarios que saquen a sus alumnos de su pobreza moral, ella o él van a lograr que el mundo sea mejor para ellos y, van a convertirse así en un elemento generador de cambio, serán la pieza que falta en el sistema para que todos sean mejores. Y después… conoce a su primer grupo de alumnos.

Entonces se da cuenta de que el sistema está organizado de manera que el maestro o docente solo puede cumplir órdenes (o eso siente), que a los alumnos no les importa lo que ellos tienen para decir, que prefieren jugar Xbox que venir a clases, que muchos de ellos asisten por obligación, que en muchos casos los mismos padres atacan su intención de generar cambios en ellos. Que las estrategias que ellos tenían pensadas no funcionan, que muchos alumnos se dedican a plagiar en lugar de esforzarse y que 8 de cada 10 veces, sus esfuerzos se pierden en la niebla de la sociedad.

Ello lleva a que se sientan frustrados, abatidos, cansados de intentar sin "obtener resultados", que empiecen a tener la sensación de "arar en el agua" y, en algún momento posterior llegue a olvidar para qué hacia este trabajo y comience a concentrarse en el por qué (porque necesito un salario, porque es lo que estudié, porque es un trabajo fijo, porque no sé hacer nada mas). Ello le lleva a entrar en un proceso de lo que en Logoterapia llamamos el vacío existencial.

La pérdida de ese sentido, y en muchos casos, la consecuente generación de una actitud cínica frente a la vida lleva a completar el síndrome de burnout. Lo que tiene enormes implicaciones a nivel físico, emocional, laboral y moral.

A nivel físico, están muy bien descritas las enfermedades de orden psicosomático asociadas al estrés prolongado, úlceras estomacales, migrañas, neuralgias, etc. Que se derivan de la misma situación.

A nivel emocional el panorama es muy amplio, desde procesos de ansiedad hasta procesos de depresión grave, pasando por todo tipo de trastornos del estado de ánimo.

A nivel laboral, el bajo rendimiento y las dificultades de relación con los alumnos son solo dos de muchas problemáticas que se pueden presentar. Ellas además crean un ciclo de enfermedad, pues generan que la institución aumente la presión y las exigencias aumentando así los niveles de estrés.

A nivel moral, la perdida de los valores lleva a una situación en la cual todo deja de importar. Donde la tarea es sólo realizada porque sí y, peor aún, a transmitir a los alumnos esa visión de la vida. Vemos así maestros que humillan a los alumnos en público, quienes les dicen que deben aceptar el lugar que tienen en la vida y no buscar nada más, quienes rechazan cualquier sugerencia, aún realizada de manera respetuosa y quienes consideran que la tarea docente consiste en ejercer el poder sobre la vida de los alumnos para llenar con esa sensación, el vacío interior que sienten frente a la decepción de su tarea.

Sin embargo, no tiene por qué ser así. Existe una forma de evitar el burnout, de mantener el sentido de la tarea sin negar, ni ignorar las dificultades inherentes al trabajo del docente en las instituciones.

Una buena parte del problema, probablemente la mayor parte, reside en esa pérdida de sentido de la tarea. La pérdida de sentido y el consiguiente vacío existencial, tienen una relación muy alta con las dificultades emocionales y las dificultades de relación.

Para la Logoterapia, la motivación fundamental del hombre es encontrar el sentido de su vida y, por consiguiente, de cada uno de los momentos que atraviesa en cada una de sus áreas de experiencia.

El primer paso para desarrollar la capacidad de hallar y mantener el sentido de vida, consiste en realizar una reflexión acerca de las propias expectativas frente a la labor docente. En muchos casos buena parte de la perdida de sentido, es porque tenemos expectativas irreales frente a la propia capacidad, o al papel que debemos jugar.

Algunas expectativas irreales frente a la situación son:

  • Voy a cambiar las vidas de mis alumnos.
  • Mi ejemplo debe ser perfecto para que funcione.
  • Debo ser capaz de asumir todas las dificultades sin desanimarme.
  • Siempre sabré lo que hay que hacer para ayudar a los alumnos.
  • Debo ser siempre fuerte para ser el apoyo de mis alumnos.
  • Ya sé todo lo que tengo que saber para hacer esta tarea.

Quiero referirme a algunas de ellas en detalle.

“Voy a cambiar las vidas de mis alumnos”, esta es tal vez la más común de las creencias, una de las más motivadoras y la más peligrosa. Así como la más equivocada.

Tristemente, nadie tiene el poder de cambiar la vida de los otros. Lo más a lo que puedes aspirar es a inspirar a una persona para que busque el cambio, para que emprenda el viaje que lo llevará a alcanzar sus sueños. Pero por cada persona que logras inspirar, hay 9 que pasaron por tu lado sin sentir ningún efecto.

Esto es así debido a que el cambio implica esfuerzo, sacrificio, renuncia y compromiso, y todas esas cosas sólo pueden provenir de la persona misma, no pueden ser enseñadas, ni otorgadas, ni forzadas en alguien.

Todos hemos conocido maestros inspiradores que han afectado decenas o cientos de vidas, y ellos nos hacen pensar que podemos llegar a desarrollar alguna suerte de capacidad que ellos tienen. Sí y no.

Estos maestros logran este efecto en las personas, porque no lo están buscando, porque no “tratan” de cambiar a nadie, aprendieron a ofrecer el camino, a comprometerse con quien lo quiere asumir y a dejar que la gente entre o salga de él según estén preparados. Ellos siguen en la tarea porque aprendieron que lo que hacen, si quieren que funcione debe ser independiente de los resultados, debe ser simplemente parte de ellos.

Estos maestros aprendieron además que es imposible “asumir todas las dificultades sin desanimarse”, que no importa cuánto tiempo lleves en el camino, las decepciones, los obstáculos, los tropiezos y las personas que querrán que te unas a su desánimo serán siempre parte de él y que, de vez en cuando, vuelves a hacerte la pregunta de si vale la pena seguir adelante.

Lo importante no es tratar de no desanimarse, lo importante es seguir trabajando por las personas, a pesar del desánimo, a pesar de las evidencias en contra. Porque así como aparecen las dificultades, aparecen también las luces de esperanza y, al final, todo depende de lo que deseas mirar.

Son muchos los docentes que creen que los “alumnos de hoy en día” son perezosos, que no les gusta leer, que se apegan a ley del mínimo esfuerzo, tratan siempre de “hacerte goles”. Y ellos, suelen ser mal evaluados. Tienen siempre un excusa de porque las cosas no se pueden hacer y pelean con la mayoría de los grupos que orientan.

Cuando el docente elige observar y dar más importancia al que sí cumple, al que aporta al trabajo, a los que hacen bien, los considera capaces y comprometidos, y les exige como tales. Suele encontrar una buena respuesta, compromiso. Incluso respuestas “atípicas” como alumnos que te dicen (y fue mi caso) “profe, se equivocó en la nota me puso 5 décimas de más” (la verdad es que yo mismo no podía creerlo).

Lo más increíble es que estos docentes no suelen pelear con los mismos grupos que los otros docentes consideran imposibles. Al final, depende de su actitud frente al grupo más que del grupo en sí mismo.

Hay situaciones que pueden más que uno mismo, hay momentos en que quisiera dejar todo a un lado y dedicarme a otra cosa, que desearía darme por vencido; la diferencia no consiste en no vivirlas, o en creer que no están pasando, sino en si le presto más valor a estas, o en aquellas en las cuales se identifica la luz de la esperanza.

“Mi ejemplo debe ser perfecto para que funcione” es otra terrible carga que nos auto imponemos los docentes, puesto que nadie es perfecto nunca, y nosotros estamos muy lejos de ser más que los simples seres humanos que somos. 

Si trato de ser perfecto; la angustia, la ansiedad y la dificultad de intentarlo son tan grandes que me estallan en menos de un mes. Tratar de ser perfecto, es tratar de ser lo que no soy, y eso es en el mejor de los casos una mala noticia, en el peor la forma de acabar con mi propia identidad.

Si en lugar de tratar de proyectar una imagen de perfección asumo mi lugar con dignidad y con humildad, voy a conseguir que mis alumnos me vean como lo que soy, se sientan más cercanos y más dispuestos a intentar seguir el camino de sus sueños pues este deja de ser para santos y perfectos, y se vuelve un camino para humanos normales.

Un segundo paso, consiste en reflexionar acerca de mis expectativas frente a mis alumnos. Ya que en ocasiones, no es lo que espero de mi, sino lo que espero de ellos, lo que hace que tenga la sensación de que el esfuerzo no merece la pena. 

Algunas expectativas irreales son:

  • Los alumnos siempre deben estar dispuestos a cambiar.
  • Cuando se les presenta una buena oportunidad de mejorar ellos la aprovecharan.
  • Los alumnos van a asumir con una madurez equivalente a su edad lo que tengo para ofrecerles.
  • Los alumnos van a respetarme debido a la posición que ocupo.
  • Ellos van a enfrentarse al medio para generar el cambio.
  • En mi época respetábamos a los profesores.

- Nuevamente voy a referirme sólo a algunas de ellas.

Muchas veces no pienso que soy capaz de cambiar a los demás, pero en cambio creo que todo el mundo dando el discurso apropiado, o siendo la persona apropiada para decirlo, está dispuesto(a) a asumir el cambio.

Sin embargo, las situaciones se sostienen porque, no importa cuánto te reduzcan la dignidad, lo difíciles o dolorosas que resulten, generan alguna clase de ganancia secundaria a la que no resulta fácil renunciar.

Por eso las personas sólo estarán dispuestas al cambio si éste genera una ganancia superior (a su criterio y según sus estándares), a la que obtienen manteniéndose en donde están.

Eso ni reduce la necesidad ni el valor de la tarea, y sale más allá de la capacidad que se tiene de influencia.

Eso mismo, es válido frente a las oportunidades que se les presentan, que a nuestros ojos, son inmejorables y posibilidades de “surgir” que dejan pasar de largo, para ellos esas oportunidades no son más valiosas que lo que el medio les ofrece.

Otra expectativa que conduce a mucha decepción es la creencia de que la posición que ocupas te garantiza el “respeto” de tus alumnos, debido a tu estudio, tu experiencia, o simplemente al poder que ostentas por medio de la nota.

Aquí aplica un frase muy importante de la tradición militar: “el rango lo respeta todo el mundo, pero al hombre sólo si se lo merece”. Lo más que obtendrás, y probablemente por medio de amenazas y presión será una cierta “deferencia” en el trato contigo, pero el respeto, el de verdad, el que hace que te escuchen te obedezcan y que se comprometan con tu mensaje tienes que ganártelo.

Ese respeto, viene de tu compromiso con ellos, de tu consistencia en la forma de hacer las cosas, de que ellos sepan que siempre cumples con tu palabra, que pueden contar con tu discreción y que al final tu auténtico propósito es beneficiarlos a ellos, no sólo en el discurso sino en tu comportamiento.

Una de las más comunes es la idealización de nuestro comportamiento cuando éramos estudiantes “en mi época respetábamos a los profesores” es como decir “todo tiempo pasado fue mejor”, es sólo una forma de idealizar lo que vivimos, pero, en mi época por lo menos, (la época de los 80 y 90 cuando Bogotá estaba llena de pandillas en los barrios incluso de clase alta y el narcotráfico estaba en pleno apogeo en Colombia), lo único diferente era que no nos atrevíamos a decirle a la cara lo que pensábamos a los profesores, pero las copias, los trabajos a medio hacer, los comentarios a espaldas de los profesores, estaban a la orden del día.
Recuerdo con cariño a algunos de mis profesores, y con abierto desagrado a muchos más de ellos. Lo único que creo que se puede decir con certeza del pasado es la frase del famoso colectivo argentino Les Luthiers “todo tiempo pasado… fue anterior”.

Por último es importante como tercer nivel reflexionar un poco sobre la práctica docente como forma de mantenerme en el sentido de mi tarea. Y aquí me referiré a un solo punto: la congruencia.

La único que diferencia un profesor (que profesa la verdad para iluminar la oscuridad de la ignorancia del alumno), y un maestro (que ayuda a construir personas a través de impartir un conocimiento) es la congruencia con aquello que predica, que su ejemplo sea un signo de su mensaje.

Esto es tal vez lo más difícil que debe realizar un maestro, ser consecuente con su palabra, vivir su palabra en lo personal, lo familiar, lo profesional, lo público y lo privado, en palabras de Ghandi “ser el cambio que quieres ver en el mundo”.

Sólo cuando tú estás siendo un ejemplo de lo que quieres hacer, cuando vives tu tarea como parte de tu vida y no sólo como un área separada, encontrarás la fuerza, el soporte y la sabiduría necesaria para no perder el rumbo en está maravillosa tarea.

Me gustaría conocer mucho tus opiniones y reflexiones al respecto de este artículo, te invito a participar para que podamos construir entre todos una mejor profesión docente y consecuentemente una mejor sociedad.

Juan Carlos Carvajal.


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